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El aroma de una rosa: la historia de Rosa Beatriz Palomeque Córdoba


Hay personas que llegan al arte no por los caminos del privilegio ni de la academia, sino por los senderos inesperados del dolor, la fe y la resistencia. Rosa Beatriz Palomeque Córdoba es una de ellas. Nacida en Quibdó, Chocó, el 12 de junio de 1949, esta maestra, poeta y mujer afro lleva en su voz la memoria viva del Pacífico colombiano.



Hija de Francisco Palomeque Mena y Teresa Córdoba de Palomeque, Rosa Beatriz creció entre las aulas del Instituto Pedagógico Femenino de Quibdó, donde cursó primaria y secundaria, y donde obtuvo el título que marcaría su vida entera: maestra. Durante 42 años consecutivos dedicó su existencia a la educación de niños y jóvenes del Chocó, pasando por el Vicariato Apostólico de Quibdó, el colegio San Antonio María Claret, la Institución Educativa República de Colombia, el Jardín Infantil Niño Jesús, la sede Lisandro Mosquera de la Normal Superior de Quibdó, la Institución Educativa Niño Jesús y la Divino Niño. Cuatro décadas de semillas sembradas en generaciones enteras.


Pero la vida, que tiene sus propios guiones, le reservaba otra vocación que ella misma no sospechaba.



Cuando el hospital se convirtió en taller de escritura


En 1977, una extraña enfermedad llamada púrpura trombocitopénica idiopática (PTI) irrumpió en su vida y la llevó a largas hospitalizaciones en el Hospital San Vicente de Paúl de Medellín. Entre transfusiones, reposo absoluto y la incertidumbre de los diagnósticos, Rosa Beatriz encontró una visita inesperada: el Espíritu Divino y Calíope, la musa griega de la elocuencia.



Fue así, desde una cama de hospital, sin haber escrito jamás un verso, como nació su primera composición. Lo hizo para alegrar a sus médicos: el cirujano Fidel Cano, el hematólogo Germán Campuzano y el internista Julián Betancourt. El doctor Campuzano, al leer sus versos, le dijo con entusiasmo: "Rosy, tienes que seguir, no te puedes quedar allí."


Y no se quedó. Cuando salió del hospital, llevaba en sus manos más de diez poemas. Su maestro, el poeta y políglota chocoano Miguel Caicedo Mena, los leyó, los corrigió con cariño y le aconsejó publicarlos. Lo que comenzó como un folleto para sus médicos se convirtió, con el tiempo y las interrupciones propias de la enfermedad, en un libro completo.






El aroma de una rosa: un libro que perfuma y enseña



El libro lleva su nombre en su título: El aroma de una rosa. Pero más que una autobiografía poética, es un regalo pedagógico para todas las edades. Cada composición está escrita en rima, y cada una tiene al final tareas para enriquecer el vocabulario y perfeccionar la escritura de sus lectores, sean niños, jóvenes o adultos.

Es un libro que huele a Chocó, que sabe a enfermedad superada, que suena a gratitud. Un libro donde la poesía no es ornamento sino medicina, no es exhibición sino servicio. Como ella misma lo describe en sus versos:


El aroma de una rosa

perfuma a quien la rodea,

a toda la humanidad,

para que la gente viva

haciendo higiene mental.


Rosa Beatriz Palomeque Córdoba es hoy una adulta mayor que lleva en su cuerpo las marcas de una vida plena: la tiza del salón de clases, la tinta del poema, la cicatriz de la enfermedad convertida en canto. Desde la Fundación Facitec la reconocemos como lo que es: una voz necesaria, una maestra que nunca dejó de enseñar, una poeta que encontró en el dolor su más grande inspiración.


Su aroma, como el de la rosa, sigue perfumando a quienes la rodean.


La Fundación Facitec celebra y visibiliza la vida y obra de Rosa Beatriz Palomeque Córdoba, escritora afrocolombiana, maestra jubilada y poeta del Chocó.

1 comentario


Lagarejo Valencia
Lagarejo Valencia
hace 18 horas

Felicitaciones mi querida maestra... Eres y serás siempre grande.... Bendiciones

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